Graffiti

Vicko es una persona que le gusta pasar por desapercibida. Entre sus pasatiempos está leer filosofía. Sale en las noches para graffitiar lo que siente. Le saca fotos y lo sube al blog. Tienta por un pensamiento crítico a través del arte, pero ocurre que, últimamente, hay alguien que visita sus pinturas y las daña con garabatos. 

Meditó para saber qué hacer si se le encontraba de frente. La rabia le era tremenda. «¿Le rompo la nariz, o le hago vomitar el objetivo de esta mierda?». Vicko nunca delataba el lugar a dónde iba expresarse. Dejaba que la gente le hallara plasmadx en la calle. Temía que le reconocieran, pero esa noche, se quedó esperando a su adversario en la nueva pintata. 

Pasaron horas para el enfrentamiento. Antes se detuvieron algunxs fanáticxs a tomar fotos, indigentes y perros vagabundos. 

De pronto, se acerca una persona meneando un pote de spray y antes de comenzar a pintar, le detiene una voz que proviene de la oscuridad: «¿A caso no hay suficientes paredes vacías?«.

«¿Quién habla? No tengo miedo. Estoy ejerciendo mi derecho.»

«¿Derecho? ¿Acaso no violas los míos?

«¿Vicko? ¿Eres tú? No quiero meterme en problemas. Es que veo tus escritos y me frusta la sociedad en la que vivimos. A veces prefiero tachar el pensamiento.»

Captando, «pintemos juntxs el barrio entero. Dejémosle saber al mundo que el arte pensante convoca la acción inmediata. Démonos el gusto de despertar al pueblo que amamos.» 

Así, en crescendo, el sonido por el jamaqueo de los potes de spray hizo bulla. Al día siguiente, la calle era toda una galería de expresiones públicas. La actividad tomó tanto auge, que entre lxs residentes protegían el monumento e hicieron tradición la manifestación. 

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