Esta enfermedad

Por Deddie Almodóvar Ojeda

Hacía el amor con el viento, cuando de pronto, comencé a convulsionar.

Hacen meses tiemblan mis piedras, mis personas, mi columna de montañas y nubes. En mi cielo explotan meteoros, en mis sistemas se apagan las energías, en mis aguas hay contaminación y mis animales se vuelven -cada vez más- adictos al plástico. Por eso se me sacude el alma, los brazos, los ojos. Estoy en otra etapa de esta enfermedad.

Parecería que no le he comentado a nadie -aunque mis costas lo gritan- que mi cuerpx de isla se hunde. Que me pesan las playas privatizadas, las tierras explotadas, las siembras quemadas, los suministros escondidos. Que me agrava la fiebre su corrupción, la historia llena de tabúes, lxs fanáticxs del terror. Por suerte, el acuariano con el que despierto cada amanecer sabe cuándo me siento mal y su dosis de besos me mantiene viva, mas no es suficiente. Necesito un cambio radical, donde no solo una persona me ame. Necesito matar la plaga que gobierna mis entrañas, cortarle sus raíces, esas que han ido abrazando los silencios de mi gente hasta este presente.

Mis habitantes tosen por falta de necesidades básicas en sus planes de salud, alimentación, juego y educación. Mis ojos están rojos -y no del arrebato- por el gas innecesario que tiran lxs agentes en mis calles. Lxs artistas y científicxs intentan tejer un nuevo espíritu, me consuelan, me curan; pero la administración -ahora desenmascarada por el Amor- sigue con sus abominables planes de vender mis órganos a una institución privada que promete crear de mí un zombi libre.

No deseo moverme del Caribe. Me gusta su calidez, su comida, sus fiestas e imaginación. No quiero que me internen en un hospital lejos de mi amado. Anhelo seguir despertando a su lado. Resolvamos las convulsiones levantando las antorchas, perreando, cortando cabezas, construyendo nuevos hogares, abrazando huracanes. Cueste lo que cueste.

 

Imagen prestada del gran fotógrafo Ricardo Alcaraz Diaz.

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