Antes y después de María

por Deddie Almodóvar Ojeda

Antes y después de María

La naturaleza de Puerto Rico era muy colorida y cálida. Tenía cientos de tonalidades en verde sobre todas sus montañas y suelos, más una amplia paleta de colores para su flora y fauna. Tenía plantas de todos tamaños y formas, colores y texturas. Incluso, una de sus peculiaridades era ver cuán hermoso se producía el cambio de estación. Aunque muchos digan que en la isla siempre se siente el aire veraniego, en cada época del año, las manchas coloridas que pintan montañas y calles cambian según el paso del tiempo. Qué bellos fueron los últimos parches naranjas de los flamboyanes en agosto, los cantos del coquí y las luces de luciérnagas.

Desde el paso del huracán María la vida natural del país ha cambiado mucho. Sin duda luce un poco triste, achacada, calva, incolora-colora. Han habido derrumbes, árboles caídos, cuerpos de agua contaminados, casas destruidas, flores desaparecidas, árboles sin hojas, muchos animales muertos y personas sin hogar.

Aunque también se han visto cosas lindas, por ejemplo la inmensidad de la oscuridad en la noche y los faroles encendidos por las estrellas y la luna. Ahora ellos nos cantan canciones de cuna para tranquilizarnos y darnos el espacio para volver a escuchar los otros seres existenciales que salen al oscurecer.

La actual vida moderna en Puerto Rico puede dividirse en el “antes y después de María”.

En el «antes» siempre estuvo el intento de creernos que había armonía ante nuestros sentidos a pesar de sus carencias. En el «después», al haber cambiado todo, lo perdido se llora, se bota y lo que se quedó cobra otro valor. Aún se busca armonía y se engañan muchos sentidos, pero hay más criterio que antes y personas [agradecidas/molestas].

¿Qué le ha pasado a la naturaleza desde entonces? Ha vuelto a florecer. Las montañas quemadas ya se ven verdes y aunque ya no hay tantos árboles florecidos, me estuvo curioso como en una tarde, guiando hacía San Juan, me topé con un flamboyán rojo en Ponce. Y qué bello que con un solo respiro hondo me dijo: “Ya no llores por los colores. Aún nuestras raíces están bien sembradas. Pronto pintaremos”.

Y continúa la naturaleza puertorriqueña tratando de sobrevivir y comunicarse con nosotros, después de haber sufrido ese mal beso del fenómeno atmosférico, que aunque también natural, cargaba con dos caras: El antes y después. La destrucción y la reconstrucción.

 

 

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