Wake, música and bake

por Deddie Almodóvar Ojeda

[Parte del proyecto «Jugando a Encontrarme»].

Una de las cosas que más extrañaba era el escuchar música.

En los fines de semana, cuando era pequeña, recogía mi cuarto con música puesta. La música que se escuchaba en casa era especial. Todos teníamos nuestro estilo. El de papi siempre fue la jíbara de la radio a.m., el de mami, pues KQ 105. En esos tiempo KQ era la emisora que estaba más adelante sobre las demás. Ahora pienso que se contaminó de música horrible. Mi hermana escuchaba reggaetón, pero también le gustaba escuchar mi música, aunque a veces se quejaba y me decía que siempre ponía lo mismo: » otra vez la música rara esa».

Limpiaba mi cuarto con música rara. Sí, la música en inglés era la música rara. Ellos decían que ese género y el idioma sonaba a Satanás. En realidad todo el mundo me lo decía. En esos tiempos eras «rockero» o «caco» y pues yo era rockerita. Les confesaré porqué. Yo intenté ser caca al principio, pero mis primas se rieron de mí cuando les canté la canción que les canté. Ellas me retaron a cantarles una canción de reggaetón, para ver si de verdad me aceptaban en su club de las que más saben canciones de reggaetón; y me dijeron que la que canté era vieja. Nunca entendí la jodienda esa de decir que el reggaetón, el que había pasado más de dos o tres semanas en la radio, era y que viejo… «¿Viejo? Pero si eso salió ayer». «Nenaaaa, pero es que hoy salió una nueva de Wisin y Yandel». «Ay, váyanse al car….». Pendejas, ahora los «paris» más buenos son los que ponen reggaetón del viejo. Al no pasar la audición me puse a escuchar rock. La mayoría de los artistas o bandas que me gustaban, aparecían en MTV.  Qué bueno que no me aceptaron y que amplié mi abanico de opciones musicales. No me arrepiento de nada, pues descargue mucha adrenalina con ellos. Así la música en casa era armoniosa, todos escuchábamos cosas diferentes.

Mis momentos de limpieza eran casi ritualisticos. No siempre quería levantarme a recoger, pero después que ponía la música, se me iba la vagancia poco a poco y lo hacía. Hoy en día pues…. es diferente. También aprovecho los fines de semana para limpiar, pero la universidad me chupa tanto tiempo y vida, sinónimos, que hasta los otros días me di cuenta que hacía tanto tiempo no escuchaba mi música.

Estoy por fin de vacaciones. No tomaré clases de verano, por primera vez hace mucho y me alegra. Necesito tiempo libre para cargarlo con otras cosas, a mi criterio, más importantes. Necesito leer lo que me dé la gana, necesito correr en la pista sin estrés pensando en que debo irme para terminar alguna tarea, necesito hablar con gente diferente, escalar montes, ver agua, ver viejos amigos, ver a la familia, verme a mí.

Me gusta verme. Antes no lo hacía mucho. Los complejos eran reales si me los creía, pero los superé o al menos eso intento. Ahora me miro más que antes. Me gustan mis ojos, mis lunares, mis rizos, mis piernas, mi sonrisa, mis manos, mis movimientos, mis músculos, mis cicatrices. Amo todo de mí. Antes lo hacía, pero con miedo. Jodida es la sociedad que te mete a la cabeza el miedo, como ésta. En esos tiempos me cuestionaba si hasta era bueno para dios, el ver mi sexo. «¿QUÉ? Eso sería un escándalo si tus padres se enteran»»Qué los padres… DIOS LA CASTIGARÁ». Ay, sociedad… La vida es mucho más que eso. La vida está en el movimiento, en el ritmo, en el éxtasis, en el amor, en el perdón, en amarse, aceptarse, mirarse, admirarse, perdonarse, volver a amarse, odiarse y sobre todo… aprender a continuar. Hay que dejar de juzgar y meter miedo. Hay que vivir más.

Pues me miro. Me he mirado tanto estos últimos días que me he sorprendido de mis nuevas y viejas costumbres. Me estoy auto-estudiando. A veces digo que ésta es mi manera de meditar: verme por dentro y por fuera, desde toda mi cotidianidad, y aceptarme, a veces «corregirme», aprender y seguir hacia adelante. Es difícil y bello conseguir el respetuo mutuo. El respeto que solo esas dos partes agradecen y practican porque lo sienten libre y cómodo, dentro de las circunstancias… Ay, me encanta el respeto. Me acuerdo que en la escuela me preguntaron una vez si tenía un valor moral favorito, y qué iba a saber yo, si apenas estaba comprendiendo que los valores morales son valores morales. Ahora es cuando realmente puedo decidirlo.

Ahora me respeto, es difícil, pero gratificante. Me digo las verdades a la cara y no me importa si me duelen, al contrario, las enfrento. Desde que me respeto soy más feliz y ayudo a que los demás también lo sean. Es complicado conquistar la felicidad, pero para nada imposible. Nada imposible. «¿Me oíste? La felicidad no espera». Es uno de los lemas que más digo, aunque debería acompañarlo con «sólo debes moverte».

La gente se cree que la felicidad llega en un milagro, en una carta sorpresa, en la pata de una paloma mensajera o incluso hasta en el horóscopo o en la galleta de la fortuna de Panda Express. No. No, no, no, no. Practico el respeto siendo honesta, así que vuelvo y repito, no llega así. Llega sólo cuando la realizas, cuando haces lo que más amas, ahí es donde realmente la encuentras. Por ejemplo, cuando te ves al espejo, después de hacer un cardio «hijo é put» y te sientes bellx, cuando estás paradx sobre un escenario y te conectas hasta sentir éxtasis, cuando estás frente al mar y te cuestionas cuán grande o pequeñx eres en el mundo o cuando subes la montaña junto a tus amigos… qué bello carajo. En verdad recordar también es bueno, es como volver a ser feliz. Imaginar también es placentero.

Imaginar debe ser una ley de vida. La gente no puede dejar de hacerlo, no debería dejar de practicarlo. El mundo está demasiado caótico como para vivir dentro de una «realidad objetiva».  Juega a imaginar, para que veas que también de eso se vive. Te ayuda a contemplar otras posibilidades.

Imagino qué hubiera sido de mi vida si no hubiese vuelto a escuchar, las bandas que me gustaban de pequeña, hoy, mientras recogía el cuarto. Tal vez no hubiese completado o tenido este cuestionamiento cotidiano:

Desde hoy acompañaré mis momentos de óseo con música.

La música es encantadora y mágica, realiza y transforma atmósferas, desde personales hasta lograr el convencimiento de las masas. Gracias a los que se dedican a ella tengo este meditar: no podemos olvidar que somos lo que hacemos; la música que escuchamos, lo que leemos, con quién nos pasamos, cómo nos vestimos y que somos también lo que no hacemos; sin embargo, me pregunto qué banda pondré mientras vaya al bake.

(8).

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