Uno más uno continúa el espiral

por Deddie Almodóvar Ojeda

Después de sentarnos en el bar del hotel y hablar sobre nuestras y otras filosofías me dijo que no creía en las casualidades. Que todo se había movido para que nos encontráramos y nos conociéramos esa noche. A pesar de haberme repetido cien veces el que hubiera preferido que fuera antes. Él era otro fuego sobre esta tierra, pero no cualquiera, era complementario a mí ser. Cuando nos terminamos la última copa me dijo que su color favorito era el verde, que amaba los espirales y el arte geométrico. Yo le comenté que también prefería ese color y el marrón, que me encantaba imaginar todos los posibles micros y macros de las cosas; más comprendía el lenguaje técnico y no técnico del arte. Sonreímos. No éramos el uno para el otro porque ninguno pertenecía a ese lugar, éramos otra cosa.

Nos movimos al área de la piscina y como la conversación anterior contestó quiénes éramos, nos acomodamos hombro con hombro y respiramos en sincronía. “No creo en las casualidades” volvió a decir. Nos besamos y sonreímos. Buscábamos lo mismo de siempre comprensión, amor y sexo. La diferencia era que aunque sabíamos que nos encontrábamos para eso, nunca se sintió forzado, pues la vida nos regaló otra oportunidad para volvernos a conocer-encontrar.

A veces me pregunto cómo con un “extraño” me hallo más rápido que con un amigo de toda la vida. ¿Por qué nos preparamos para encontrar mil espejos y decidimos dejarlos ir al instante que nos complementan? No se puede controlar. Sigo creyendo en que sólo en el movimiento hay vida.

Nos desnudamos y lo hicimos. Dos horas de intenso placer. No me arrepiento de nada. Fue bello, rico, salvaje, amoroso, satisfactorio y relajante. Al final, pegamos nuestras frentes y nos transmitimos amor y energía confortadora. Nos miramos a los ojos, y sin decirlo lo comprendimos todo. Éramos extraños y conocidos de toda la vida. Éramos bolitas de espíritu manifestándose. “Espero poder verte pronto, aunque así sea en otra vida” dijo antes de irse para su habitación y preparar maletas.

Ahora sabemos que existe una habitación en Puerto Rico y otra en Philadelphia para volvernos a amar.

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