Rodeados de basura

por Deddie Almodóvar Ojeda

¿Podrías ser feliz aun cuando estemos rodeados de basura, nadando entre basura y comiendo entre basura? ¿Aun cuando no tengas zapatos para no pisar la tierra, donde el agua siempre está contaminada y no comieras lo suficiente para sobrevivir al día? Hay gente que vive en estas condiciones todos los días de su vida. Hay otros que nunca han vivido de otro modo, y sonríen.

Lakshmi vive en Dharavi, una región muy podre de la India, donde hay hogares construidos con zinc, cartón, paletas de madera, aluminio, barro, tela y cientos de desperdicios sólidos que pudieran ayudar a formar paredes.

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Hace tres días Lakshmi caminó entre los divertidos tubos del drenaje, punto de encuentro donde sus amigas y ella se ven para jugar después de la escuela, y no las encontró. No se preocupó pues era normal que de vez en cuando las chicas no llegaran. Las residencias y las calles de Dharavi se inundaban frecuentemente y como era tan difícil llegar a jugar después de pasar las aguas sucias; Lakshmi pensó que podría aprovechar y caminar sola por el área antes de encontrarse con su familia.

Brincando, trotando y sonriendo estaba un niño a lo lejos. Tenía la cara radiante como el sol. Lakshmi se sorprendió de no estar del todo sola y se dirigió hacia él. Quería conocer la razón por la cual tenía tanta felicidad.

Balu había encontrado un tesoro.

Lakshmi se emocionó al escucharlo. Su maestra le había enseñado fabulosas historias que giraban en busca de tesoros perdidos. Lo menos que se imaginó fue poder ver uno en persona; y menos cerca de su casa.

–¿Me dejarías verlo?

Pero Balu temió que se lo robaran. Pensó en todo lo que sus padres le habían comentado sobre la gente: que se aprovechaban de los demás, de los frutos que cosechaban a lo largo de la vida. Temió que Lakshmi fuera una ladrona y le quitara aquello que tanta felicidad le proveía.

Sin embargo Lakshmi tenía tanta intriga por ver el tesoro que le brotaron colores brillantes por sus ojos. Balu estaba confundido, pero de entre mucha basura ¿por qué no compartir un pedazo de felicidad? Así que Balu no lo pensó más y le dijo que lo acompañara al escondite.

El cofre era de aluminio y tenía mugre encima. No fue fácil de abrir por todo el moho y cantazos que sufría. Cuando por fin Balu lo consiguió destapar observó, sonrió y pensó en todo lo bueno que esto les podía regalar. Serían las personas más felices del mundo.

Tan pronto Lakshmi recibió y miró el pequeño baúl en sus manos se emocionó. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Era la primera vez que admiraba una flor real. Balu había conseguido una flor de entre tantos desperdicios. En ese lugar lo más parecido a las flores eran las que se encontraban en las fotos de revistas y en algunos artículos de plástico fabricado.

— Tiene mis colores favoritos. — dijo Balu. Lakshmi lo abrazó.

Y esa tarde, después de llegar a un acuerdo, Balu y Lakshmi volvieron a sus hogares. Regresaron con una sonrisa grande, pues aprendieron que compartir la felicidad daba más felicidad.  

Balu y Lakshmi quedaron hoy para desterrar el cofre de la basura y sembrar la flor para que todos en el barrio la vean.

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