¿Qué habrá pensado entre colores y postales?

por Deddie Almodóvar Ojeda

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I.

Me pregunto qué le habrá pasado por la mente antes de pintar su último cuadro e intentar luego correr por el campo a suicidarse. ¿Habrá visto esos cuervos volar antes, o logró imaginarlos volar mientras él pasaba por la misma vereda con una bala metida en el estómago? Pinceladas en movimiento, eso veo. Pinceladas amarillas, eso veo. Viento amarillo y azul. Qué amarilla era su habitación, o por lo menos lo que retrató de ella. ¿Habrá puesto girasoles en algún florero casero sobre su mesita de noche? ¿Habrá pensado en el amor de su vida mientras miraba por la ventana? ¿Habrá pensado en el amor antes que en su muerte? Yo por lo menos pienso que sí era su cuarto. Tiene dos autorretratos y un sombrero de paja al fondo. No dudo que parte de las cosas que había allí son de su pertenencia. Cuando terminó el cuadro, ¿lo habrá colgado en alguna pared de su casa o lo habrá guardado junto a otros para venderlos en un futuro? Así lo prometió su hermano. Amarillo y azul. Azul. Curioso cómo se ahoga entre tanto azul el bello pastizal amarillo. Eso veo.

II.

Desde que la conocí colecciono postales de pinturas que veo en los museos. Ya no la veo hacen meses. Está enamorada de otra persona, pero no importa. Creo que lo he superado. Bueno, eso digo hasta que la veo de reojo en la universidad y se me cae el mundo porque no la puedo volver a besar, pero nada…

Buscando entre las postales me encontré con viejos tesoros; entre ellos la escultura más bella que he visto en mi vida, el David de Miguel Ángel. Recuerdo que no me quería ir del museo porque creí haberme enamorado a primera vista de ese joven perfecto. Es que era perfecto. Bello, perfectamente bello. Recorrí todas las partes del museo, pero ni siquiera le pude dedicar el tiempo que meritaban las otras piezas, es que el David me había engatusaó. Lo miraba con el rabito del ojo. En una pensé “wow, si ese hombre de veras existió, y fue modelo de Miguel para esa escultura, puñe… yo hubiera querido estar ahí para verlo”. Pero por lo menos nos dejó un retrato. Y qué retrato.

La otra postal fue Der Kuss de Gustav Klimt. Recuerdo haber tardado bastante tiempo en la tiendita buscando la postal perfecta para llevarme a casa. Es que fue uno de los cuadros más impresionantes que  había visto en mi vida. Tenía que llevarme una buena postal. Esa pintura fue más impactante de lo que había creído que iba a ser. Era como ver algo más bello que el propio oro. Era como apreciar a unos ángeles besándose. Ángeles besándose para la eternidad, porque nunca se separaban. Eternidad porque el mundo aunque se extinguiera, se llenaría de placeres mientras estos dos se sigan besando. Uno de los besos más románticos de la historia de la pintura. Qué toques exóticos le dan esos patrones coloridos. Parecerían telas de seda que cubren sus brillantes pieles. Personas enchapadas en bello oro amarillo.

Nada, saqué una última postal, porque ya era tarde y pensé que debía acostarme. La saqué porque aunque no creo en las casualidades, me dio por decirme “y si la próxima pintura te quiere recordar otro momento bello”, pues lo intenté. Wheatfield with crows de Van Gogh. Amarillo y azul. Lo primero que vino a mi mente fue el librito que me llegó de Italia una vez. Un regalito que me hizo ella. Cuando aún hablábamos de amor. En la portada estaba impresa la foto de esa pintura. Me pregunto si Van Gogh pensó en el amor de su vida antes de pintarla y morir, porque yo sí lo hubiera hecho.

III.

Porque lo único que nos conectaba era la pintura y las palabras. Lo mejor que le podía regalar era un libro de su pintor favorito. El único problema es que estaba en italiano, y ella no sabía ni cómo se escribía ciao para cuando nos conocimos. Nada, creí que lo más importante era el detalle. Así que se lo envié a la dirección que me dio junto al regalo que me hizo. Me envió una libreta en blanco. Tenía una carpeta bastante colorida. Kandinsky. Yo escribía mientras ella se dedicaba a la pintura. Siempre cargaba con esos motetes.

Colores. Decía que conocía las personalidades de la gente depende su color favorito. Un día me preguntó y yo le dije que mi color favorito era el negro, pero ella no me creía. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer: “¿Negro? Tu color favorito no es el negro. Debe ser que estás aprendiendo a descubrirte, pero no es el negro. ¿Cuál es tu pintor favorito?” Kandinsky le dije. “Estás en la etapa de conocer a un pintor nuevo, ¿verdad? Es válido. Que disfrutes del negro, pero descubriré tus colores pronto”. Qué condená. Me había leído. Y cuando llegó a Italia para visitarme me dijo: “Sabes, desde el principio pensé que tus colores eran los calientes. Los más terrosos, pero tiernos. No te gusta el anaranjado, ni el rojo chillón. Eres amante del arte clásico; creo que va por el amarillo”. ¡Ajá! Lo había adivinado otra vez. Nunca le había comentado sobre ello. Definitivamente sabía leer las personalidades de la gente según sus colores favoritos. Sin embargo cuando yo intenté hacerlo con ella fue bastante difícil. Le gustaban todos los colores. Por eso cuando la conocí le regalé una libreta en blanco para que se atreviera a escribir y así conocerla desde su interior.

Ayer la vi en la universidad de nuevo, pero me le escondí. Me contó un amigo que ella todavía se gustaba de mí. No quería hacerle daño, por eso me escabullía. Sus abrazos eran los mejores. Eso me dijo una vez también. Me río. Recuerdo que una vez me dijo que yo sonreía con los ojos, y que por eso le gustaba mi sonrisa. Nada, hoy me enteré que se muda a Nueva York. No de la boca de ella, claro. Me enteré por una amiga que tenemos en común. Me gustaría escribirle para ver si está bien, pero prefiero dejarlo todo como está. Yo soy feliz, y ella me dijo que también lo era así que no hay nada que buscar.

Sabes, me alegra que se mude a Nueva York porque así estará más cerca de su pintura favorita y no tendrá que conformarse con la postal que le regalé del cuadro. Amarillo y azul. Remolinos. A veces creo que esos son sus colores favoritos.

IV.

Cuervos. Trigo. Otra vez amarillo y azul, ¿o será azul y amarillo? ¿Qué me habrá querido decir mi hermano? Lástima que estaba cayendo tremendo diluvio, sino me hubiese montado en el primer caballo y hubiera evitado tanta tragedia. Tal vez sólo necesitaba un poco de compañía. Cuando pintaba los cielos así de seguro era que le estaba pasando algo. ¿Será que volvió a pensar en el amor de su vida, o será que extrañaba estar con alguien? Yo solo espero que no hubiera pensado en él antes de suicidarse. Después del incidente de la oreja, ya veía venir esto en cualquier momento. Esperaba poder verlo a finales del verano. Extraño abrazarlo. Ay, Vincent. ¿A quién le escribiré postales ahora?

V.

Mente: No puedes más.

Vincent: ¡Calla! Le enviaré una carta a Theo para decirle que tengo tres cuadros nuevos.

Mente: Pero es que no puedes más. ¿No sientes que los cuervos te gritan? Quieren que les entregues tus entrañas.

Vincent: Siento como una punzada en el estómago. Siento dolor.

Mente: ¿Más girasoles? ¿Otros remolinos? ¿Otras pinceladas en movimientos? ¿Para qué? Si vas a   seguir pintando y nadie te entenderá. Ni siquiera conocen tus colores favoritos. Nadie entiende qué te está pasando. Morirás de amor o de un balazo.

Vincent: Antes de irme tengo que hacerle una carta a mi hermano:

“Querido Theo,

El color amarillo representa la esperanza entre el azul que me comía el alma. El amarillo es un color caliente, pero tierno. Es un color lleno de amor. Un color que sonríe con ojos y dientes… ”

No puedes más. No puedo más. ¿Dónde habré dejado la pistola? No quiero seguir pensando en el maldito amor.

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