Hija única

por Deddie Almodóvar Ojeda

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Soñé que me había despertado con el ruido del televisor. Me levanté y me asomé por el pasillo. Estaba más oscuro de lo normal. Al final, por el cuarto de Mami, para sorpresa mía se asomaban las luces grises del aparato. Me dirigí hacia él para ver si lo podía apagar.

Efectivamente el televisor estaba prendido, pero con una imagen borrosa. Cuando me acerco a hundir el botón… ¡Zas!  Alguien me agarra por el brazo bruscamente. Era como una nena con el rostro tapado por su propio pelo negro. De un empujón me sacó del cuarto, y sin decir una sola palabra cerró la puerta lentamente. Al fondo vi a mi madre petrificada con un cepillo en la mano.

Recuerdo que esa noche, antes que Mami se acostara a dormir, me había dicho: «Estaré en el cuarto viendo televisión, y también peinando a tu hermana». Me estuvo raro que dijera eso por que vivimos solas. Yo no tengo hermana.

Esta mañana después de ponerme a pensar en lo que ella me había dicho, más el haber vivido esa pesadilla, decidí salir del cuarto a ver si todo estaba bien. La puerta estaba abierta. El televisor apagado, y mi madre roncaba con el cepillo al lado.

«Fue solo un sueño», pensé. Miré el despertador que estaba en su mesita. Era muy temprano. Me regresé a mi cama, y mientras me ponía la sábana: ¡Ahhhh! Un grito chillón, desesperado y ahogado empezó a sonar. No sabía si regresar a ver qué pasaba, o esconderme debajo de la cama y esperar.

Se escuchó cerrar una puerta de cantazo. Profundo silencio.

Ahora me vuelvo a dirijir al pasillo. Me tiemblan las piernas y las manos:

— Mami, ¿estás bien?

No me contesta.

Después de un momento, y con una voz ronca:

— Sí. Voy a ver televisión, y también a peinar a tu hermana. ¿Quieres acompañarnos?

 

 

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