Sturm und Drang

por Deddie Almodóvar Ojeda

–«Ich liebe dich».

Pero ella no le respondió. Provocaría lluvia en el desierto, pero la verdad es que no sentía lo mismo. Lo más cercano a una respuesta fue el parpadeo que dio pausa al reflejo de su reflejo en la mirada. Ya no vivían en la época donde las emociones se consideraban subjetivas. Un «te amo» tenía como sinónimo la posesión.

–«Amor, prefiero el petricor».

Entonces él miró al cielo y vio que no había nubes. Sin embargo sus pies ya se desvanecían. Empezó sudar. Sus cabellos se humedecieron, sus dedos ya estaban mojados, sus rodillas perdían color, su vientre se derretía…

Aquella tarde Johann dejó el aroma de su  amor sobre el césped. Donde por primera vez creyó que crecería una bella flor.

Lo que no sabía es que la vida le había regalado una rosa, y apenas iban naciendo sus espinas.

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