Ssalida

por Deddie Almodóvar Ojeda

– Estoy durmiendo tranquilo, y me he despertado porque desde hace un momento estoy escuchando a dos personas murmurando allí al lado. ¡Malditas moscas que siempre están encima de mí! Qué raro… Jasira no está en la cama. Es muy temprano como para que ya haya abandonado las sábanas… Pero ¿de quiénes podrían ser esas voces? En esta casa sólo vivimos Jasira y yo. Voy a averiguar.

Ajani al salir del cuarto ve que su Cobra y su Víbora están en el piso, fuera de sus cajas. Él no les tiene miedo, porque las conoce mejor que nadie. Son sus instrumentos de trabajo. Sin embargo sabe que debe tomar las medidas necesarias para que esto no se salga de control. Ajani recoge las cajas que están tiradas en el suelo y hace ademanes para que las serpientes vuelvan a meterse en sus respectivos lugares; pero éstas no le obedecen.

– ¡Malditas culebras! ¡Métanse en las cajas! ¡No se me queden mirando!

– ¿Ess que no te dass cuenta de que por fin ya no tieness poder sobre nossotrass?, dice la Víbora.

Ajani totalmente perplejo – ¿Tú… ¿tú puedes hablar?

La Cobra también le contesta – Ssí, y yo también.

Ajani con la boca abierta deja caer las cajas al suelo.

– Pero… pero ustedes no pueden… Ustedes son animales.

– No máss animaless que tú – dice la Cobra. – Y sii no noss creess pregúntate porqué Jassira ya no esstá en la choza. Sse ha escapado.

Ajani con molestia le contesta a las serpientes – ¡Jasira no se ha ido de esta casa! Ella debe estar por allí. Debe estar afuera viendo el cielo despejado o buscando agua… A ella le gusta ver el cielo sin nubes…

– Bueno… esso no fue lo que noss dió a entender cuando lanzó nuesstras cassass al ssuelo, noss maldijo y sse fue llorando con ssu bulto–  le interrumpe la Víbora.

Y la Cobra con sarcasmo – Debió haberte esscrito una nota antess de ssalir, pero como no recolectass, ni ahorrass el dinero ssuficiente para mantenerla; puess tampoco había para comprar papel.

– ¡Ustedes son unas malditas!

– Pienssa lo que quierass. Esstuve hablando con mi compañera y…

– Yo le explico, Víbora. Ajani, nossotrass hemoss trabajado para tí por máss de ssiete añoss y creémoss que noss merecemoss una recompenssa. Ssabess muy bien que nunca noss hass dado algo por nuestross encantoss. Assí que te vamoss a exigir…

– ¡Cállense la boca! Ustedes son sólo unas simples serpientes que no sirven para nada. ¿Cómo es posible que hablen? ¿Es que me estoy volviendo loco? ¡Es una maldición hecha por ustedes!

– No noss vuelvass a inssultar o veráss… – dice la Víbora.

– Tranquilízate Víbora. Pues Ajani como te iba diciendo, nossotrass conocemoss tuss máss íntimoss ssecretoss, tuss consstumbress, tuss arrebatoss, tus infidelidadess, tuss problemass de alcohol, tuss apuesstass en el Zoco, tuss…

– ¿Me estaban espiando? ¡Eso es! Ustedes son las insitadoras de que Jasira me haya abandonado.

Burlona la Víbora – Vess que admitess lo de Jassira.

Y vuelve la Cobra – ¡Ajani no me vuelvass a interrumpir! Queremoss una recompenssa y esso ess todo. Danoss nuesstra libertad.

Ajani intenta escapar.

La Víbora se le interpone – ¿A dónde vass? Al igual que Jassira, queremoss recorrer nuevoss esspacioss  ssin ti. Necessitamoss regressar al dessierto.

Ajani se mueve para el otro lado, pero las serpientes se arrastran mucho más rápido que él. Lo acorralan.

Amenazante la Cobra –No creass que por tener el nombre que tieness, eress y sseráss, el dueño de nuesstross desseoss.

– Es que ssi por mí fuera te hubiera picado hace mucho tiempo…

Ajani atrapa una bara y separa a las serpientes de sus piernas. – No se atrevan a tocarme malditas.

Éstas se arrastran hasta la esquina más lejana.

– Ésste parece que no entiende de lo que ssomoss capacess – le dice la Víbora a la Cobra. Ahora se dirige, más alto hacia Ajani. – Déjanoss ir y no te haremoss daño.

Ajani les lanza las canastas.

– Me esstá colmando la paciencia…

– Cálmate. El dessierto no queda tan cerca de nossotrass ahora. Necessitamoss de ssu ayuda para poder llegar –  dice la Cobra.

– Ssí, pero ¿no vess que sse está comportando como un animal? Le hemoss hablado con cordura y…

– Te he dicho que te calmess. Ssabess que esstá demente.

Ajani les vuelve a tirar con objetos, pero esta vez lanza una vasija de cerámica. La misma cae encima de la Víbora y corta parte de su piel. La Cobra y la Víbora se miran. Están totalmente sorprendidas.

La Cobra trata de ayudar a su compañera, pero Ajani sale de la nada con un hacha de piedra. ¡Zas! Ajani ha cortado a la Víbora por la mitad.

La Víbora se derrite y se disuelve en la arena. Ajani deja caer el arma porque no puede creer lo que sus ojos acaban de ver.

– ¿Qué clase de mostros son ustedes?

La Cobra cambia el ceño, y se arrastra hacia él – Loss missmoss mosstrouss con los que dormíass todass lass nochess y trabajabass todass lass mañanass. Ssomoss lass esspeciess que vendíass como encantadass, pero que ni ssiquiera tú lo creíass – mientras la serpiente se va acercando a Ajani, su cuerpo se agranda más y más hasta llegar a la misma altura que él. – ¡Eress un egoíssta y misserable! Me obligass a tratarte como lo que realmente eress… un inssecto.

La Cobra inyecta de su mágico veneno en el cuerpo de Ajani. Éste se vuelve en el insecto que más odiaba, una mosca.

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